Sesión permanente del Club de Cine Iberoamericano: Los dos mosqueteros, de Cecilia Bartolomé
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Por Juliana Gusman | Ensayos
Considerada la primera película feminista del cine español,Vamos, Bárbara(1978) Es una ecuación de azar y suerte. El proyecto para adaptarAlice ya no vive aquí.(1974), de un prometedor joven cineasta del Nuevo Hollywood, Martin Scorsese —él mismo no conocido por dirigir protagonistas femeninas, traído por la actriz Ellen Burstyn, quien interpretaría al personaje principal— fue rechazado por sus destinatarios originales. Ante la negativa del productor Manuel Gutiérrez Aragón y la directora Pilar Miró, una de las únicas tres mujeres que ocuparon tal cargo en su país en la década de 1970, la oferta recayó en otra figura de este trío rebelde, la más abiertamente radical en la politización de su vida y su propuesta estética. No por casualidad, sino por audacia,Vamos, BárbaraSería también el primer largometraje de ficción de Cecília Bartolomé (Alicante, 1940), a quien el régimen de Franco le impidió ejercer su profesión, prohibiéndosela durante casi una década.
La dictadura establecida tras la Guerra Civil Española (1936-1939), que derrocó a la Segunda República, aniquiló logros recientes como la abolición del delito de adulterio, el acceso sin restricciones al mercado laboral y el derecho al aborto legal. El gobierno autoritario y patriarcal de Francisco Franco duraría hasta 1975, año de su muerte y, casualmente, cuando la ONU declaró el Año Internacional de la Mujer, un acto que impulsó la creatividad, duramente reprimida en diversos territorios fuera de la Península Ibérica. Al año siguiente,Vamos, Bárbara–y entonces, sin ninguna relación causal, en este clima cultural propicio, comenzó a sugerirse.
La censura siempre había sido una amenaza constante para Bartolomé, mucho antes de las intervenciones que le arrebataron una carrera sólida y consistente, a diferencia de las de sus contemporáneas europeas Agnès Varda o Claire Denis. Su padre era el censor jefe en Guinea Ecuatorial, en la antigua colonia de Fernando Poó. Según la propia Cecília, él lo veía todo y no le gustaba nada. Para ella, una proyección de...El río(1951), de Jean Renoir, para asimilar, a los 14 años, pasiones incontenibles.Abandonó la poco prometedora idea de convertirse en bailarina —carecía de flexibilidad física, aunque ya poseía una mente elástica— para dedicarse a las aún desconocidas complejidades del cine.
Cecilia descubrió, gracias a sus propios esfuerzos, el Instituto de Investigación y Experimentación Cinematográfica de Madrid, cuyo plan de estudios y estructura, lejos de ser modestos, estaban fuertemente inspirados en...Centro Experimental de Cinematografía en Roma y el Instituto de Estudios Cinematográficos Avanzados en París.Bartolomé relata haber utilizado todas las "maniobras legales e ilegales" para engañar a sus padres y regresar a España como estudiante de la institución. Siendo aún menor de edad, logró matricularse en el programa de especialización en actuación, mintiendo sobre su supuesta inscripción en un curso de economía, más aceptable para sus estrictos padres. Al cumplir 21 años en 1961, pasó a ocupar la silla de directora, puesto que aún ostenta hoy junto a una única colega, Josefina Molina, la otra integrante del trío feminista de la década pionera de 1970. De los 481 graduados de la escuela entre 1942 y 1976, algunas figuras célebres como Carlos Saura, Patricio Guzmán y...Basilio Martín Patino –Solo ellas lograron convertirse en directoras; las demás graduadas, como Pilar Miró, que provenían del ámbito del guionismo, deambularon por espacios menos desafiantes para las normas de género.
Antes que ellas, Ana Mariscal había utilizado su influencia como actriz para facilitar su entrada en una industria dominada por hombres y protegerse de las represalias gubernamentales, dirigiendo once películas entre 1953 y 1968. Incluso antes de la niebla franquista, que oscureció los horizontes de igualdad, existen pocos registros del trabajo de otras directoras; recientemente, el trabajo de Maria Forteza ha sido reconocido como único (siempre provisional, ya que nuestras lagunas son inmensas) por...Mallorca (1932), considerada la primera película sonora escrita por una mujer en España, un honor otorgado durante mucho tiempo a Rosario Pi Brujas porEl gato montés (1935). Con el golpe de Estado de 1935, estas y otras obras desconocidas quedaron truncadas, a la sombra del futuro y de la historia. Convertirse en cineasta y mujer en la España del siglo XX implicaba mayores adversidades que el rigor de la escuela de cine. Y las exigencias académicas a las que se enfrentó Bartolomé no fueron nada fáciles.
Como prueba de admisión, los estudiantes debían escribir un guion, una crítica y realizar un examen teórico. Cada semestre, debían presentar un cortometraje para su evaluación por parte del reducido profesorado. De los ya escasos diez estudiantes que ingresaron al curso, no todos lograron graduarse. Durante sus estudios, Bartolomé produjo dos cortometrajes mudos para su primer examen.La siesta (1963) y el documentalCruzada del Rosario (1963). Repitió el segundo año tres veces, conduciendoLa noche del Dr. Valdés (1964);Carmen de Carabanchel(1965) yLa brujita (1966), con la que logró seguir adelante.Plan Jack Zero TresFracasó en 1967 y en 1968, Bartolomé logró completar el curso conMargarita y el LoboHumorística e inspirada musicalmente, esta adaptación de la novela de Christiane Rochefort sobre los tropiezos de una joven hacia la separación de su marido presagia, en su partitura inicial, los obstáculos intra y extradiegéticos que se interponen ante una mujer que anhela la libertad conyugal, en el ámbito de la imagen, y ante una mujer que anhela retratarla, en la dimensión de la realidad. Los reconocibles acordes deMisión ImposibleEstos sketches, ya popularizados por la televisión, satirizan las dificultades de la emancipación generalizada en una España que no legalizaría el divorcio hasta la década de 1980.
La audacia temática de una obra no lineal, fragmentada, caótica y burlona —que, sin embargo, sacó a la luz la entonces irrepresentable desnudez masculina— no fue bien recibida por la nueva dirección de la escuela. Bajo el mando de Juan Julio Baena, aliado del régimen franquista, se decidió que todas las películas producidas por la institución debían pasar por el escrutinio de la censura estatal, lo cual hasta entonces no era lo habitual.Margarita y el Lobo fue prohibida y Bartolomé fue incluida en una especie de lista maldita que consolidó su larga espera en la antesala de la publicidad y los documentales institucionales hasta la llegada deVamos, Bárbara.Su mediometraje se habría perdido de no ser por la astucia de Juan Huarte, propietario de una productora que había visto la película de Bartolomé en una proyección privada. Anticipando represalias, logró introducir clandestinamente una copia. Huarte incluso propuso una proyección conjunta de...Margarita y el Lobo yRespuesta de las mujeres: Nuestro cuerpo, nuestro sexo(1975), de Varda, en París. Si hubiera autorizado la proyección y participado en el evento, se le podría haber impedido a Bartolomé regresar a España. Para entonces, ya era madre, y la muerte de Franco, que sufría de una insuficiencia cardíaca poética, parecía inminente. Rechazó la oportunidad y apostó por la incertidumbre de una apertura democrática. Si Cecília abdicó de oportunidades fructíferas, nos legó, con supelícula de carreteraFeminista, una película que destaca entre la multitud.
A pesar de ser una adaptación,Vamos, BárbaraLa película establece desde el principio, rítmica y visualmente, su independencia del texto original: la cámara temblorosa, inquieta, cruda y naturalista de Scorsese no contamina los planos estáticos y bien compuestos de Bartolomé, que, a diferencia del director estadounidense, parecen querer desdramatizar la desintegración familiar que cataliza el desarrollo narrativo. Alice Hyatt se desintegra y se reinventa —o repite los vicios emocionales de los que no puede liberarse— tras la muerte de su marido maltratador, mientras que Ana, interpretada por Amparo Soler Leal, abandona a Carlos con la banalidad cotidiana de quien no sufre culpa. La actriz, además, presta su impertinencia a la protagonista, que se lanza al sereno fluir de una transformación progresiva, catalizada por diversos encuentros, especialmente con otras mujeres —como la tía Remédios, encarnación de la feminidad tradicional, o Paula, la mujer divorciada que no negocia sus deseos—. Amparo, esta personalidad radiante, estaba casada con Alfredo Matas, el productor, quien insistió en contratarla. A pesar de esta decisión arbitraria, resultó irónicamente productiva: fue la actriz quien accedió a exceder las horas diarias de rodaje para que el director pudiera completar la escena final, la cúspide del desafío femenino, a pesar de la intransigencia de Matas. Aliada con el director, la actriz le proporcionó un nivel de control imprevisto por su marido. El feminismo deVamos, BárbaraNo se limitaba a la producción cinematográfica.
Menos que el infierno suburbano deAlice ya no vive aquí., algo de Vamos, BárbaraMe recuerda al camino inusual recorrido por los personajes itinerantes deOMS(1970), por Barbara Loden, yRío de hierba(1994), de Kelly Reichardt. En estas películas, dos mujeres participan en una especie de “protesta inconsciente” contra algo que no pueden comprender del todo, como la mujer anoréxica sin voz ni postura política efectiva investigada por Susan Bordo (2003) enPeso insoportable –...abandonando sus roles familiares debido a su absoluta incapacidad para cumplirlos. Vagan sin rumbo, pero siempre distanciándose de ese punto de partida doméstico e inhóspito. La película de Bartolomé, por otro lado, también evoca la plácida cadencia de...La dama de nadie(1982) en la que Eleanor, interpretada por Luisina Brando,Ella se desvincula gradualmente de sus lazos, incluso con sus hijos, para explorar nuevas posibilidades de afecto, sin embargo, sin el peso melancólico del distanciamiento alienado y miserable de Wanda y Cozy, el protagonista deRío Grass.
Dicho esto, Ana de Bartolomé se embarca en su reinvención subjetiva con su hija a su lado. Por lo tanto, quizásVamos, Bárbaraacercarse, de hecho, a nuestro propiopelícula feminista de carreterainaugural,Mar de Rosas(1977), de Ana Carolina. Felicidade, el personaje poco convencional de Norma Bengell, es más sombría que Ana —y su destino, menos próspero—, pero la Betinha de Cristina Pereira comparte ciertas deficiencias incendiarias con la Bárbara de Cristina Álvarez, más allá de la coincidencia cabalística en los nombres de sus intérpretes. Tanto Betinha como Bárbara imprimen, en sus cuerpos, una desarmonía ante una inmadurez infantil que les permite desafiar la jerarquía materna. Cristina Pereira tenía 26 años cuando interpretó a la joven impertinente, provocativamente grotesca y maleducada, mientras que Cristina Álvarez fue doblada —una práctica común en la época— por la experimentada actriz.Angela González, causando revuelo por la peculiar forma en que relata su infancia.
Betinha y Bárbara son niñas.queerBetinha, debido a la monstruosidad abyecta y repulsiva de sus gestos y excremento – en su primera aparición enMar de Rosas...se orina con las bragas bajadas al borde de la carretera —y debido a su comportamiento destructivo, que sacude un orden prosaico y cínico con el que jamás se aliará—, en su acto final, Betinha empuja a Felicidade de un tren en marcha, matando a su madre para cortar de una vez por todas el cordón umbilical que podría mantenerla mínimamente unida a una feminidad desilusionada y servil. Bárbara, a su vez, heredera de...chicas raras Desde la literatura española de mediados del siglo XX, como argumenta Sally Falkner (2024), rechaza, a la luz de sus predecesores —y al igual que Betinha— los confinamientos domésticos y las expectativas matrimoniales. Cuando empaca todas sus cosas para irse con Ana —a quien nunca renuncia, ahí reside su singularidad—, reivindica verbalmente su propia ruptura. La separación es doble: los “dos mosqueteros” de Cecília Bartolomé se van, sin remordimientos y con un pacto.haciaDumas, un hombre de lealtad mutua, esposo y padre, y con su coche, a sugerencia de la chica. Carlos tampoco será bien recibido por los cuadros de Bartolomé, pues su inquietante intromisión solo perturbará sus contornos.
Además, Bárbara será el pilar de Ana, una mujer políticamente inestable, ajena a la opresión familiar. Si Betinha es implacable con Felicidade, Bárbara parece comprender los límites y las necesidades de una mujer que se reinventa en el pantanoso periodo de transición entre la España patriarcal y la apertura democrática. En este sentido, el personaje de Bartolomé se asemeja a otros.chicasMujeres españolas que, según Falkner, adoptan una perspectiva madura y crítica sobre su entorno, eligiendo caminos poco convencionales, como las Anas de Torrent enEl espíritu de la colmena (Victor Erice, 1973) esCría Cuervos (Carlos Saura, 1976), o, más recientemente, la Frida de la autobiografíaVerano 1993, de Carla Simón (2017). Sin embargo, en lugar de lidiar con traumas —personales e históricos, desde el franquismo mismo hasta la epidemia del SIDA, en el caso de las películas de Saura y Simón— Bárbara, decidida y segura de sí misma, ilumina paisajes utópicos con su cabello de fuego. También es bastante distinta del niño mimado, apático y estancado de Alice ya no vive aquí. Bartolomé parece haberse inspirado más enmarimachoboca sucia De Jodie Foster, una nueva amistad lleva a Tommy a su primer hurto en una tienda y a su primera experiencia de consumo excesivo de alcohol, para forjar las transgresiones de Barbara, incluidas las transgresiones de género, ya que ambos juegan, cada uno a su manera, con cierta androginia de sus cuerpos púberes y ambiguos.
Este cambio respecto al guion original —transformar a un niño inerte en una niña tenaz— ha sido tan poco debatido por la crítica que rodea la película de Bartolomé como su decisión de proponer una transposición de contextos de clase. La Alice de Scorsese pierde, no por elección, sino por la muerte, a un proveedor, sobre todo. Su reelaboración implica no solo el redescubrimiento de deseos latentes, sino también el despertar a la precariedad material que la lleva a trabajos humildes, y quizás ahí reside la urgencia sísmica de la inestable cámara de Scorsese. No es que Bartolomé sea ajeno a tales desigualdades. Incluso con las sanciones de su marido, Ana es una mujer que logra mantenerse en una clase media acomodada; sin embargo, la película se abre a experiencias que no son solo suyas. En una de las escenas más inusuales deVamos, BárbaraEn la obra, el personaje de Amparo Leal sube a un autobús. En cierto momento, una madre con sus cuatro hijos, embarazada del quinto, baja. Al presenciar su situación, un grupo de mujeres comunes y corrientes, sin pelos en la lengua, culpan a los hombres de este cruel destino. «Pobrecita, ese marido debería ser castrado», dice una, quien añade, al ser reprendida por el conductor, que el matrimonio solo le ha traído palizas y un embarazo cada año. «O te callas, o no sigo», grita el conductor indignado. «O tomas el volante o me aplico la paliza», responde la anciana combativa. Cumple su promesa e incita una pequeña y encantadora revuelta del proletariado doméstico.dar un golpe de zoomEsta banda indomable expresa la fascinación que despierta tal audacia.
Vamos, Bárbara–al igual que otras películas feministas– enfrentó un cierto boicot en su distribución, una cacofonía provocada por el propio Matas, quien incluso encargó una versión de la película doblada al catalán sin el conocimiento previo de Bartolomé –cuya intención inicial era producir una obra multilingüe, en español, catalán e inglés, dependiendo de la coherencia exigida por el público.ajustes. No estaba autorizada. Su obra maestra recuperó popularidad gracias a algunas reposiciones promovidas por festivales de cine, como el Festival de Cine de San Sebastián y el Festival Internacional de Cine de Barcelona, en 2004 y 2005, iniciativas que han cobrado impulso en los últimos años.
Más allá deVamos, BárbaraCecilia, junto a su hermano José Juan Bartolomé, dirigió el díptico documental.Después de...(1983), dividido en dos partes:No se os puede dejar solos yAtado y bien atado, documentando los años de transición posteriores al colapso del régimen franquista. Para televisión, dirigió un episodio de la aclamada serie.Cuentáme como pasóCecilia no pudo completar algunos proyectos, como el largometraje.Margarita...pero bien, una extensión de los temas y formas deMargarita y el Lobo, la tercera parte deDespués de...y una adaptación deEl silencio de las sirenas (1985), novela de Adelaida García Morales. Tan frecuentemente censurada, ha encontrado en internet, al menos, un medio estratégico para difundir una obra cinematográfica que, si bien no es voluminosa, es innegablemente expresiva. Bartolomé, ahora de 85 años, quiere ser vista. Cedamos, con deleite, a sus sencillos deseos.





![No novo ensaio publicado em nosso site, escrito sob o calor da exibição de Vámonos, Bárbara (1978) no Cineclube Ibero-americano Permanente, nesta quarta-feira, dia 17 de junho, Juliana Gusman destrincha como a cineasta espanhola Cecilia Bartolomé tensiona o texto matriz de Martin Scorsese (Alice Não Mora Mais Aqui) através de um exercício de distanciamento formal e discursivo.
Longe de se curvar às estéticas do norte global, o texto de Juliana reafirma a posição do filme na cartografia ibero-americana, costurando cumplicidades com o cinema de ruptura feito por mulheres aqui:
“Talvez Vamos, Bárbara se achegue mais, na verdade, de nosso próprio road movie feminista inaugural, Mar de Rosas (1977), de Ana Carolina. [...] a Betinha de Cristina Pereira compartilha certas inadequações incendiárias com a Bárbara de Cristina Alvarez – para além da cabalística coincidencia no nome de suas intérpretes.”
Leia mais sobre a diretora e sua obra no ensaio de @juliana.gusman, escrito para o terceiro encontro do Cineclube Ibero-americano Permanente, uma parceria entre Sara y Rosa, Cine Humberto Mauro do @palaciodasartes_ e Instituto Cervantes de BH.
🔗 O ensaio completo está disponível em sarayrosa.com
#SaraYRosa #CeciliaBartolome #CinemaFeminista #CríticaFeminista](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/726575221_17917835919390781_4399166472106971886_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=110&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=XASc-Fwh0TQQ7kNvwFiq9BA&_nc_oc=AdqheB1nkCdDIS4gH4zK_lWmT5zNdmQOmv-xYrVupJlF76k6Vkzq2j71BTNv0OxM6tE&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=JyazoVXtLmWmiMrS1VDY1Q&_nc_tpa=Q5bMBQEa2ta0zmEzbSTj-w1xzzz1n8Ugen1VGZl2Zd4VTtarF0PQMDsX7Txgf924dFXRXYnvfmsINRvQ&oh=00_AQBDVldiK8z0iqrbfcbnchsHV_uMySVSjSca7bkBOia1Ug&oe=6A48C83F)








![“Curar não é apenas escolher filmes; [...] é, antes de tudo, um exercício de escuta ao que pede passagem.”
Neste texto, Vanessa Santos defende a curadoria enquanto um campo relacional. Partindo da obra "Le Grand Calao", ela nos convida a romper com a lógica da exaustão e a enxergar o descanso como um gesto radical de resistência.
“Entre afetos, silêncios e partilhas, vai sendo tecida uma ode ao tempo feminino, numa atmosfera que desafia o peso do cotidiano e que irradia o desejo de existir fora das obrigações.”
Para Vanessa, o olhar curatorial é uma construção que atravessa memórias, desejos e a urgência de criar condições de aparecimento para narrativas historicamente marginalizadas. Aqui, programar filmes torna-se um ato de desobediência visual que recusa o fardo e reivindica o prazer.
Uma proposta essencial para quem pensa o cinema como um território vivo de disputas simbólicas e políticas.
🔗 Leia o texto completo em sarayrosa.com
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“Curar no es meramente elegir películas; [...] es, sobretodo, un ejercicio de escucha de aquello que busca abrirse paso.”
En este texto, Vanessa Santos defiende por la curaduría como un campo relacional. Tomando como referencia la obra "Le Grand Calao", ella nos invita a romper con la lógica del agotamiento y a concebir el descanso como un gesto radical de resistencia.
“Entre afectos, silencios y actos de compartir, se teje una oda al tiempo femenino; todo ello en una atmósfera que desafía el peso de lo cotidiano y irradia el deseo de existir más allá de la obligación”.
Para Vanessa, la mirada curatorial es un constructo que atraviesa memorias, deseos y la urgencia de crear las condiciones propicias para el surgimiento de narrativas históricamente marginadas. Aquí, la programación de películas se convierte en un acto de desobediencia visual que rechaza la carga y reivindica el placer.
Una propuesta imprescindible para todo aquel que conciba el cine como un territorio vivo de disputa simbólica y política.
🔗 Lee el texto completo en sarayrosa.com](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/704750670_17913389088390781_5809290323017999812_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=107&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=NJ29zkYqS_gQ7kNvwETHcdI&_nc_oc=Adqixseisl7iHFteHOtdEoZfOwz97QiOggypzPn0HPso9msv90gw8TiyhFUDerEjiLY&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=JyazoVXtLmWmiMrS1VDY1Q&_nc_tpa=Q5bMBQE5MCQprQponsppkMTdMNzeApXeIBUlM_wO7LUS396-8gYg8QxsQ3x3kluXV7i0DlpVGWh3GSOK&oh=00_AQDjBeXsKL8y01cNbd6mpjCWMT2Wk4C99qrBSxZe1hpWwA&oe=6A48C1F6)



![“Sou um corpo dissidente do (cis)tema de sexo-gênero (…) Habito fronteiras.”
Neste ensaio, @luignascimento parte de si para atravessar o cinema: da ausência de referências à urgência de se ver em cena, das representações estereotipadas à construção de um cinema sapatão brasileiro contemporâneo, feito por quem vive essas experiências.
Entre apagamentos, “in/visibilidades” e narrativas marcadas por violência, o texto revela também as brechas — filmes, gestos e alianças que transformam o cinema em espaço de existência, desejo e criação.
“Há um senso de urgência que acompanha esse desejo […] urgência de falar para nós, por nós, mas também de gritar ao mundo quem somos e quem podemos ser.”
Um mergulho sensível e político em um cinema que se constrói no afeto, na coletividade e na invenção de outras possibilidades de vida.
🔗 Leia na íntegra em sarayrosa.com
#SaraYRosa #CinemaSapatão #CinemaQueer #CríticaFeminista #CinemaBrasileiro
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Entre las brechas sápatonas en el cine brasileño
Por Lui Nascimento
“Soy un cuerpo disidente del (cis)tema de sexo-género (…) Habito fronteras.”
En este ensayo, Lui Nascimento parte de su propia experiencia para atravesar el cine: desde la ausencia de referentes hasta la urgencia de verse en pantalla, de las representaciones estereotipadas a la construcción de un cine lesbiano contemporáneo en Brasil.
Entre invisibilidades y narrativas marcadas por la violencia, el texto también revela las grietas — películas, gestos y alianzas que transforman el cine en un espacio de deseo, existencia y creación.
“Hay una urgencia […] de hablar para nosotres, por nosotres, pero también de gritar al mundo quiénes somos y quiénes podemos ser.”
Un recorrido sensible y político por un cine que se construye desde el afecto, la colectividad y la invención de otros mundos posibles.
🔗 Lee el texto completo en sarayrosa.com
Imagens dos filmes “Peixe” (2019) de @ygcf_ysmn e “Minha história é outra” (2019) de Mariana Campos](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/693332325_17910936828390781_3741062162069005596_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=101&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=JvjVoozw-qMQ7kNvwGo9j5i&_nc_oc=AdpPj0cP4roX1VR_SMYoW1IJkLV8CKZNNpywGo5959mHy972KjYceLQxw5zDCIE-Qbg&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=JyazoVXtLmWmiMrS1VDY1Q&_nc_tpa=Q5bMBQHCkjgssd8tCqWnecIp_luex81eXI33GSqC401g1pnOYoftYMKjyAcYVk4gjeIFeezVlyG1Dkwn&oh=00_AQCO3VdHtQGXyHen9bYmRXZ3sxLsht0XBO1soIGwvkz9-Q&oe=6A48C312)















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