Las alas de Eros y los ojos de Albertina Carri
Por Juliana Gusman | Ensayos

Marcel nunca menciona la palabra «lesbiana» a Albertina. Prefiere decir «la clase de mujeres a la que me opongo».
Anne Carson, Albertine: Rutina de ejercícios, 2015
Albertina Carri (Buenos Aires, 1973) era una niña recién huérfana en la provincia desolada de Veinticinco de Mayo cuando, en 1978, Monique Wittig cerró la conferencia El pensamiento heterosexual desertando a las lesbianas de la mujeridad. Si en la ontología capitalista-patriarcal lo que nos define es la capacidad de gestar y parir, toda sexualidad no reproductiva da a luz monstruos a la luz trémula de nuestras certezas constitutivas. Contradiciendo a Beauvoir con amor y ternura, no se nace mujer y, a veces, ni siquiera se llega a serlo. Hoy, consagrada cineasta, Carri sigue siendo esfíngica y esquivando categorías estancas. Con motivo de una retrospectiva integral de su obra en Córdoba, que abarca siete largometrajes, además de cortos, producciones televisivas y publicaciones literarias, Roger Koza (2026) escribió sobre una «cualidad distintiva» de sus películas que desafiaría «la propia noción de autor», tan cara a ciertos sistemas de poder-saber como las concepciones (hetero)normativas de género. Carri, que despunta como artista en el amanecer del siglo y en la marea alta del Nuevo Cine Argentino, gesta imágenes inestables y formas mutantes. En tres décadas de carrera, jamás se acomodó consigo misma.
El método de Carri, sin embargo, no es el caos (la destrucción violenta y sin cálculo del lenguaje), sino el desorden absoluto: «la ruptura con un orden que solo trajo y sigue trayendo el caos», como sostiene Françoise Vergès (2023, p. 49). Tras su debut con el rompecabezas noir No quiero volver a casa (2000), en el que empieza a agrietar las paredes finas y a descascarar la argamasa masculina del hogar burgués, Carri se vuelve hacia su propia genealogía familiar con Los rubios (2003). Este documental la acerca a un conjunto de realizadores latinoamericanos que buscó reconstituir la memoria de una generación inmediatamente anterior durante los regímenes militares del continente (Roberto Carri y Ana María Caruso, padres de Albertina y miembros de la organización Montoneros, fueron desaparecidos por el Estado represor en febrero de 1977), pero también la distancia. Carri ensució la sobriedad histórica con el polvo de sus propias angustias, en una narrativa subjetivada que, no obstante, terceriza la primera persona. La actriz Analía Couceyro ya había encarnado a una hija inconformista y en fuga en No quiero volver a casa antes de asumir el alter ego de la directora en una búsqueda digresiva e inconclusa, que va del stop motion con Playmobils a los talking heads en segundo plano para no llegar, objetiva y conscientemente, a ninguna parte. Mediante el gesto metacinematográfico y autorreferencial, que se retomaría en el ensayístico Cuatreros (2016), Los rubios revela que el enigma de los lazos íntimos sigue siendo un nudo en la garganta de Carri.
En Géminis (2005), melodramático, y La rabia (2008), naturalista y visceral, la realizadora insiste en intentar desatarlo, o en tragárselo en seco. Espanta el cinismo de una clase acomodada y las idealizaciones progresistas de un campesinado idílico con el bramido mudo de la matriarca Lucía (Cristina Banegas) en la primera película, y el grito porcino de la niña Nati (Nazarena Duarte) en la segunda. Escenas incestuosas y adúlteras, obscenidades fundantes de la moral dominante, desencadenan arrebatos oportunos. De cabo a rabo, las familias del cine de Carri están en crisis (a pesar, o a causa, de la impenitencia de los transgresores).
Las hijas del fuego (2018) puede parecer un punto de inflexión temático, poético y estético al adentrarse, tras Cuatreros y de nuevo de manera metalingüística, en el campo minado de la pornografía. Sin embargo, esa entrada insospechada fue lubricada no solo por las muñecas genitalizadas del corto Barbie también puede eStar triste (2001), una parodia queer de los códigos visuales de la pedagogía heterosexual; Anne Carson (2024) insinúa que «existe en el desear y en el conocer algo como una electrificación. No se parecen a nada, pero se parecen una a la otra» (2024, p. 90). La misma chispa erótica que avivó las investigaciones desordenadas en las obras anteriores de Carri la lleva a buscar otros deleites contra normalidades instituidas. «La locura es el instrumento de tal inteligencia», sugiere la poeta canadiense. Alado e implacable, Eros «nos pone alas en el alma» (p. 188). Con su road movie sáfico rumbo al Sur y al culo del mundo, Albertina Carri «pierde los pies» con Bataille en la carretera y eleva el placer femenino a los cielos.
Tampoco ¡Caigan las rosas blancas! (2025) señala un enfriamiento de la osadía pornográfica y performática que, en Las hijas del fuego, derrite la placidez gélida de la Patagonia. La última película de Carri, una especie de secuela de su predecesora, es también una síntesis de su pulsión erótica atávica: en un golpe contrasexual, afinado con el manifiesto de Paul B. Preciado (2017), la realizadora explora las periferias de un cuerpo excitable para descubrir nuevas zonas de sensibilidad psicosomática. Carri alza el vuelo en plena tormenta con penes de plástico, coños vivos y, ahora, sobre todo, con los ojos abiertos. En ¡Caigan las rosas blancas!, los personajes descolonizan geografías carnales y gozan con las caricias políticas y críticas de la contemplación. De un set de rodaje en colapso a una utopía insular fantástica, Carri conduce a su banda rebelde hacia el «fuera de campo» de los paisajes comunes y nos seduce con las curvas sinuosas e insinuantes de sus horizontes futuros.
Referencias:
BATAILLE, Georges. O erotismo. Belo Horizonte: Autêntica, 2021.
BETTANCOURT, Marisol Aguila. Entrevista Albertina Carri, la hija del fuego. La Rabia Cine, dossier N.00, 2021. Disponível em: < https://larabiacine.com/2021/04/07/entrevista-a-albertina-carri-la-hija-del-fuego/>. Acesso em: 24 ago. 2026.
CARSON, Anne. Eros: amargo e doce, um ensaio. Coimbra: Edições 70, 2024.
KOZA, Roger. Vivo Cine: A propósito de la muestra integral de la obra cinematográfica de Albertina Carri y su libro Cine vivo. Con los ojos abiertos, 19 mar. 2026. Disponível em: < whttps://ww.conlosojosabiertos.com/vivo-cine/>. Acesso em: 24 ago. 2026.
PRECIADO, Paul. B. Manifesto contrassexual. São Paulo: N-1 Edições, 2017.
VERGÉS, Françoise. Descolonizar o museu: programa de desordem absoluta. São Paulo: Ubu Editora, 2023.



![A partir da exibição de "Virtuosas" na 20ª CineBH, em novo texto do site, Nayara Aguiar destrincha como a diretora Cíntia Domit Bittar articula as mecânicas do fundamentalismo religioso no Brasil contemporâneo.
Ao articular a lógica de mercado da fé e a vigilância moral exercida entre as próprias mulheres, o texto investiga as raízes dessa violência e a escolha da linguagem do terror:
"É no pathos específico das políticas afetivas deturpadas do fundamentalismo religioso que nasce um moralismo pungente e, desse moralismo, uma violência [...] fria na engrenagem que a arquiteta, quente nas mãos que as executam — um terror naturalista, afinal, onde mais se travaria um filme do gênero senão em Santa Catarina?”
🔗 Leia a crítica completa em sarayrosa.com
🇪🇸
Tras la proyección de "Virtuosas" en la 20ª Muestra CineBH, Nayara Aguiar diseca en el nuevo artículo en el site cómo la directora Cíntia Domit Bittar articula la mecánica del fundamentalismo religioso en el Brasil contemporáneo.
Al vincular la lógica mercantil de la fe con la vigilancia moral ejercida sobre las propias mujeres, el texto investiga las raíces de esta violencia y la elección del lenguaje del terror:
"Es en el pathos específico de las políticas afectivas deturpadas del fundamentalismo religioso donde nace un moralismo punzante y, de ese moralismo, una violencia que la película de Cíntia Domit Bittar transforma en propuesta: fría en el engranaje que la arquitecta, cálida en la mano que la ejecuta — un terror naturalista, al fin y al cabo, ¿dónde más se libraría una película del género sino en Santa Catarina?"
🔗 Lea la crítica completa en sarayrosa.com](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/825270038_17934869712390781_1812860770498213797_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=106&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=S7xK9Ii4CUMQ7kNvwF3DpS0&_nc_oc=AdqsSa6SxqxJaYGEJTFPCV8Oi8ak7tSjImDLhF-ssxFCsMbIYZqlx5x3_dPnnN9ZkiA&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=9oWDTtR25O-cv4ilL5cX_g&_nc_tpa=Q5bMBQJOSPuH4RvnsahwGDOvE0OeQy19EMIAFud5susYTPKMMEhgrKBSu7A-C_UEYSZu67iyffKBAlH0&oh=00_AQOczD-2yAS9-fmvzBxoY6-27_yK6nSCpOAdKRg6kUlauA&oe=6AC64716)


























![No novo ensaio publicado em nosso site, escrito sob o calor da exibição de Vámonos, Bárbara (1978) no Cineclube Ibero-americano Permanente, nesta quarta-feira, dia 17 de junho, Juliana Gusman destrincha como a cineasta espanhola Cecilia Bartolomé tensiona o texto matriz de Martin Scorsese (Alice Não Mora Mais Aqui) através de um exercício de distanciamento formal e discursivo.
Longe de se curvar às estéticas do norte global, o texto de Juliana reafirma a posição do filme na cartografia ibero-americana, costurando cumplicidades com o cinema de ruptura feito por mulheres aqui:
“Talvez Vamos, Bárbara se achegue mais, na verdade, de nosso próprio road movie feminista inaugural, Mar de Rosas (1977), de Ana Carolina. [...] a Betinha de Cristina Pereira compartilha certas inadequações incendiárias com a Bárbara de Cristina Alvarez – para além da cabalística coincidencia no nome de suas intérpretes.”
Leia mais sobre a diretora e sua obra no ensaio de @juliana.gusman, escrito para o 3º encontro do Cineclube Ibero-americano Permanente, uma parceria entre Sara y Rosa, Cine Humberto Mauro do @palaciodasartes_ e Instituto Cervantes de BH.
🔗 Leia o ensaio completo em sarayrosa.com
#SaraYRosa #CeciliaBartolome #CinemaFeminista #CríticaFeminista
🇪🇸
En un nuevo ensayo escrito a raíz de la proyección de Vámonos, Bárbara (1978) en el Cineclub Iberoamericano Permanente, Juliana Gusman analiza cómo la cineasta española Cecilia Bartolomé desafía el material de origen de "Alice Doesn’t Live Here Anymore" (de Martin Scorsese) mediante un ejercicio de distanciamiento formal y discursivo, y reafirma el lugar de la película en el panorama de cine iberoamericano, estableciendo vínculos con el cine pionero de mujeres aqui:
"Quizás Vamos, Bárbara acercase, de hecho, a nuestro propio roadmovie feminista inaugural "Mar de Rosas"(1977), de Ana Carolina. Felicidade, el personaje poco convencional de Norma Bengell, es más sombría que Ana y su destino, menos próspero, pero la Betinha de Cristina Pereira comparte ciertas deficiencias incendiarias con la Bárbara de Cristina Álvarez, más allá de la coincidencia cabalística en los nombres de sus intérpretes."
🔗 Lee el texto en sarayrosa.com](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/726575221_17917835919390781_4399166472106971886_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=110&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=nyyl-Ut4qPUQ7kNvwEpyxEG&_nc_oc=AdrR7dFhiBGHt7G4sHA7Fnn07q-o2m4f1sGpcmYmOSgtW4O25lZiOnZUFI6OrQhbNHM&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=9oWDTtR25O-cv4ilL5cX_g&_nc_tpa=Q5bMBQJfP2Zwr_3FLvZIN7U3vdz764lyaga4sRD_vzqutamjeuR0K3DOKpIkqZD9LbaCbRF1NPaMxah_&oh=00_AQPxxm9WHttBP3BbhikPfBvOyxZqXdhHEORik6p5TPuLyw&oe=6AC63EFF)



Comentarios