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20.ª CineBH – En Los Nadadores, piscinas soleadas soplan un alivio al fin del mundo

7 oct
4 min de lectura

Por Anna Lia | Críticas


Texto escrito en cobertura colaborativa de la 20.ª CineBH, promovida por la plataforma Sara y Rosa, con revisión y edición de Juliana Gusman y Nayara Aguiar.



Hay quien incluso sueña con un baño de piscina en días calurosos y sofocantes: el agua hasta el cuello, la frescura acuática, los juegos dentro del agua. Pero ¿y si fuera el día 368 del verano y hace tres días que la noche no llega? La piscina se volvería objeto de obsesión, necesidad fisiológica. De esa premisa parte Los Nadadores (Sol Iglesias SK, 2026), película que cerró la Muestra Horizonte de la 20.ª CineBH.


La piscina, símbolo de ocio y descanso, se vuelve alegoría de una juventud al borde de un fin del mundo soleado. Los últimos vuelos para salir de Argentina están por partir, y el cuarteto formado por Maqueta, Rubio, Victoria y Ella asiste a las partidas sin reaccionar. Lo que les queda es caminar por la ciudad abandonada, tratando de encontrar algo que refresque el calor infernal. Una llamada a Victoria sopla un alivio: en las grandes mansiones de la ciudad, abandonadas por sus dueños en su huida del país, hay piscinas a la espera de quien se atreva a disfrutarlas.


Sin embargo, este encuentro entre los personajes y las piscinas se complica a medida que se superan obstáculos aparentemente infranqueables: aun abandonadas, los marcadores de clase de quienes poseen un oasis privado dentro de casa siguen vigentes. No importa que «esa gente tenga el Amazonas en el patio y no se dé cuenta» si están a kilómetros de distancia de sus casas. El cuarteto disfruta del agua, pero la advertencia se intensifica: solo quien es dueño puede nadar. Al resto le quedan los efectos de la ola de calor bajo el sol abrasador.


En el reflejo de las aguas de Los Nadadores, se arroja luz sobre preocupaciones contemporáneas muy caras a la juventud actual, como la imposibilidad de soñar cualquier futuro y los avances expresivos del calentamiento global, en especial sus consecuencias para los países periféricos y las capas más bajas de la sociedad. Al ponerse en escena para expresar estas cuestiones (Sol Iglesias SK es tanto directora como actriz, e interpreta a Ella), el delirio soleado del largometraje se vuelve aún más denso e interesante. Como bien dijo la curadora Mariana Queen Nwabasili en el debate posterior a la proyección, con la presencia de la realizadora y de Valentina D’Emilio (actriz de Victoria y productora del filme), sería mejor que el título fuera «Las Nadadoras», dada la presencia engrandecedora de ambas y de sus personajes dentro de la obra. Innegablemente, resuena el mensaje sobre las condiciones de producción de la película: hecha cuando ambas tenían 22 años y sin dinero, expresa a la juventud argentina tomando sus propias angustias entre las manos y revelándolas en su arte, mediante sus referencias, recursos y cuerpos.


Las relaciones de Los Nadadores con otras filmografías iberoamericanas no pasan inadvertidas, sobre todo por su estreno nacional en un festival dedicado al cine latinoamericano. Aun así, el mundo creado por Sol Iglesias SK es exquisito e inconfundible. En cuanto a las alusiones que hace la película, la más notable, especialmente por tratarse de compatriotas, es La Ciénaga (Lucrecia Martel, 2001), largometraje de «una fuerza que reverbera en el audiovisual contemporáneo en su conjunto, especialmente en la tendencia del cine de flujo» (Souto; Azevedo Lima, 2025, p. 9). En ese sentido, el tiempo dilatado del delirio febril de Maqueta, Rubio, Victoria y Ella (cada vez más hipertérmico) dialoga, aunque de manera particular, con la ficción de Martel. Hay incluso quien dice que Los Nadadores, heredera del Nuevo Cine Argentino, podría inaugurar un «Novísimo Cine Argentino».


La conversación con otras obras latinoamericanas se extiende, ahora con foco en Brasil: junto a otras películas brasileñas contemporáneas –las que Souto y Azevedo Lima analizan en su artículo sobre piscinas vacías en el cine brasileño–, resulta interesante pensar cómo este motivo visual también se activa en el largometraje argentino. Ante la polisemia de la piscina doméstica en el cine –«territorio ambiguo de afirmación de estatus, de ocio, de sensualidad, pero que también puede ser parte de un ambiente doméstico asfixiado, donde se cultiva la ilusión de control sobre la naturaleza y sobre las inclemencias del clima» (Souto; Azevedo Lima, 2025, p. 9)–, Los Nadadores articula bien estos múltiples significados. Mientras que las autoras del artículo señalan que, en el corpus elegido, el mensaje del cine brasileño es de crisis –a diferencia del cine mundial, donde las imágenes de piscinas suelen asociarse al erotismo–, la película abarca ambas vertientes con habilidad: el cuerpo lánguido, sudoroso y deshidratado de Sol Iglesias SK y de sus actores también es señal de las tensiones de un país y de su juventud.


Aunque la imagen de una piscina vacía tarde en llegar a la película argentina, el proceso hasta verla es inminente. La primera piscina en la que se zambulle el cuarteto se rompe por exceso de uso. Así, la alegoría de la crisis queda puesta en cuadro: de manera mágica, se oye cómo una piscina de azulejos, cara y lujosa, se vacía igual que una piscina inflable, barata y frágil. Más adelante, cuando a Ella y Victoria les toca llenar de agua una piscina con sus propias manos, balde por balde, el colapso en el agua escasa es la etapa final de la ola de calor sobre el cuerpo. La piscina vacía simboliza el mismo vaciamiento desesperanzado que sufren los personajes.


Cuando, bajo los créditos, llega la lluvia, el estado de espera persiste. El cielo no llora de alivio: son lágrimas fúnebres. Era y es el fin del mundo.


Referencias


Souto, M., & Azevedo Lima, L. (2025). Constelação fílmica e motivo visual: a piscina vazia no cinema brasileiro contemporâneo. Revista Eco-Pós, 28(2), 525–550. Disponível em: https://revistaecopos.eco.ufrj.br/eco_pos/article/view/28310 


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