¿De qué color será la vida que vendrá?
Por Marisol Aguila Bettancourt | Críticas
En nuestro ensayo anterior en Sara y Rosa "Mujeres y archivos: guardianas de la memoria y el tiempo", incluímos a la documentalista chilena Karin Cuyul en la búsqueda de identidad personal y familiar en que han centrado su trabajo varias realizadoras latinoamericanas, para forjar otros futuros posibles a partir de la revisión de pasados invisibilizantes y, a veces, traumáticos en términos individuales y colectivos.
Para nuestra fortuna, hace pocas semanas Karin Cuyul estrenó su segundo largometraje documental La vida que vendrá (2025), alcanzando un punto de especial madurez y lucidez en su carrera, en que apuesta por proponer imaginarios sobre la transición democrática de Chile en los noventa, entendida como un proceso de traspaso pacífico del poder de un régimen autoritario a uno democrático, que duró más de lo que nadie imaginó. Incluso, delineando lo que algunos consideran más bien una post dictadura, dado que se mantienen los principales ejes del modelo constitucional impuesto por las reformas estructurales neoliberales del dictador Augusto Pinochet (aunque reformado en 2005 por Ricardo Lagos).
Como salida institucional a la reciente crisis social de 2019, se impulsaron dos procesos constitucionales para redactar una Nueva Constitución con la conducción de bloques políticos opuestos en 2022 y 2023 que resultaron fallidos, porque los chilenos y chilenas los terminaron rechazando doblemente. En definitiva, se mantiene la Constitución de origen ilegítimo de 1980, que da preeminencia al derecho de propiedad por sobre los derechos sociales, que se buscaba reemplazar.
Las lecturas de la historia chilena reciente que han realizado los documentales chilenos se han concentrado mayoritariamente en el quiebre democrático de 1973, en que la dictadura terminó con el gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende; en el exilio de miles de chilenos en el exterior; y, más recientemente, en el estallido social de 2019, en que la ciudadanía se movilizó masivamente contra el modelo y los abusos. La vida que vendrá es el primer ensayo documental que se centra concretamente en la transición democrática, analizando un período histórico considerable (no necesariamente analizado en forma lineal) desde la Unidad Popular en los setenta, hasta la movilización popular de hace seis años.
La pesadumbre con Chile alcanzó a la joven directora chilena avecindada en México Karin Cuyul, tal como lo había hecho con la generación de sus padres que había luchado contra la dictadura, como supimos en su ópera prima Historia de mi nombre (2019), en que Cuyul descubre el pasado familiar revolucionario en un documental autobiográfico de enorme valentía.
La voz narrativa de Cuyul crece, se profundiza y complejiza en La vida que vendrá, donde se arriesga en una aventura monumental de recuperar archivos de los últimos cincuenta años y reflexionar sobre la transición política chilena, cuestionando la memoria que le habían transmitido que estaba llena de derrotas por el Chile que no pudo ser.
Cuyul se pregunta por qué le negaron el color a las imágenes de la Unidad Popular (opacándolas, oscureciéndolas, negándolas), como una acción deliberada de construcción de la memoria de esa época, y decide que su película será a color.
Rescata, asimismo, imágenes desde los bordes y registros amateurs, con voces poderosas y empoderadas de pobladoras y activistas que participaron en el plebiscito de 1988, en que se consultó a la población si quería mantener el gobierno de facto o transitar a la democracia después de 17 años de dictadura. Esas lúcidas mujeres con pensamiento crítico creían que todavía había «un No ganador, pero un Sí mandador», como un intuitivo adelanto de que las cosas no iban a cambiar en Chile, a pesar de los destellos de esperanza y el posterior vacío de ilusión que dejó el estallido social de 2019.
El ambicioso y monumental ejercicio de arqueología de imágenes de los últimos cincuenta años de la historia de Chile recogida desde los márgenes por Karin Cuyul, vistas décadas después por una mujer que nació el mismo año del plebiscito (1988), vienen a completar una mirada historiográfica que faltaba en el cine documental chileno.
La exploración histórica de su último trabajo entremezclada con su reflexión personal se ha convertido en el sello de su obra, que se pudo apreciar tempranamente desde su ópera prima Historia de mi nombre, en que Cuyul ya había buscado respuestas sobre su identidad familiar relacionándola con la historia de Chile, mostrado su arrojo y fuerza interna al confrontar a sus padres por su silencio.
Cuatro años más tarde de su primera película, Cuyul enfrentó esta vez el modelo patriarcal a través de materiales fílmicos caseros de otras familias (archivos ajenos), volviendo a los recuerdos de su infancia y al norte donde creció antes de vivir en Chiloé, para homenajear a su linaje femenino y deconstruir los roles de género. Cuyul coteja lo que se esperaba de su abuela en su rol de madre y esposa, y lo que ella y su generación han decidido sobre sí mismas, en su cortometraje Notas para el futuro (2023).
En un tono reflexivo con un sello propio que no hace más que crecer en su filmografía, en este ensayo de no ficción Karin Cuyul encuentra coincidencias y repeticiones entre su vida y la de su ancestra, a la que ella miraba como una mujer sola y sobre la que nunca antes de su muerte se preguntó por qué no rehizo su vida sentimental o sexoafectiva, tras separarse de su abuelo. ¿Acaso sus propios esquemas culturales anulaban el rol de mujer deseante que pudo haber tenido su abuela, de los cuales la directora se ha ido deconstruyendo con creces?
A sus cortos y maduros 37 años, Karin Cuyul también es una mujer sola como su abuela y tiene su misma arruga en el rostro. Sufre los ahogos de un personaje de telenovela (Olguita Marina) que cada cierto tiempo necesitaba cambiar de aire (se fue a vivir a México), convencida de que las decisiones no son para siempre y que le basta su maleta y su perro para salir al mundo. Valiente y reflexiva, como es su costumbre, piensa en "todas las mujeres que no seré": la esposa, la madre, la abuela, a la vez que en un texto sobreimpreso en la imagen va describiendo sus ciclos menstruales, sus flujos y dolores como parte de una capacidad biológica con un tiempo definido.
Haciendo honor a la consigna feminista de “lo personal es político”, Karin Cuyul ha tendiendo puentes entre el mundo privado y el público tradicionalmente desvinculados, atreviéndose a abordar magnánimos temas históricos (la dictadura, la transición democrática), vinculando la macropolítica con los afectos, la familia, la identidad femenina. Reivindica así que la gran Historia finalmente pasa por el cuerpo, la percepción, los recuerdos, los testimonios y las historias de vida que vendrán.-



![A partir da exibição de "Virtuosas" na 20ª CineBH, em novo texto do site, Nayara Aguiar destrincha como a diretora Cíntia Domit Bittar articula as mecânicas do fundamentalismo religioso no Brasil contemporâneo.
Ao articular a lógica de mercado da fé e a vigilância moral exercida entre as próprias mulheres, o texto investiga as raízes dessa violência e a escolha da linguagem do terror:
"É no pathos específico das políticas afetivas deturpadas do fundamentalismo religioso que nasce um moralismo pungente e, desse moralismo, uma violência [...] fria na engrenagem que a arquiteta, quente nas mãos que as executam — um terror naturalista, afinal, onde mais se travaria um filme do gênero senão em Santa Catarina?”
🔗 Leia a crítica completa em sarayrosa.com
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Tras la proyección de "Virtuosas" en la 20ª Muestra CineBH, Nayara Aguiar diseca en el nuevo artículo en el site cómo la directora Cíntia Domit Bittar articula la mecánica del fundamentalismo religioso en el Brasil contemporáneo.
Al vincular la lógica mercantil de la fe con la vigilancia moral ejercida sobre las propias mujeres, el texto investiga las raíces de esta violencia y la elección del lenguaje del terror:
"Es en el pathos específico de las políticas afectivas deturpadas del fundamentalismo religioso donde nace un moralismo punzante y, de ese moralismo, una violencia que la película de Cíntia Domit Bittar transforma en propuesta: fría en el engranaje que la arquitecta, cálida en la mano que la ejecuta — un terror naturalista, al fin y al cabo, ¿dónde más se libraría una película del género sino en Santa Catarina?"
🔗 Lea la crítica completa en sarayrosa.com](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/825270038_17934869712390781_1812860770498213797_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=106&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=S7xK9Ii4CUMQ7kNvwGv04IV&_nc_oc=AdrMFOtjLlPNnnSXHbhhdbFG3N8n40VnEN4ftMMdCvS-bzU5lmDjA28l-jlgvMPF_IY&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=pBdjwmmY_d117mv5tz-tSw&_nc_tpa=Q5bMBQI2Ttai7ngCC9gsJWxAfKhErrMTGZmfUjFQgQZtt_-BEu4-wQQMyn9qBag1E-N11FNrYc_H4SQB&oh=00_AQOZ30Hc3tpzz37lc2WYwQNfkLtyHPOtcVB3F3de6NdGmg&oe=6AC64716)


























![No novo ensaio publicado em nosso site, escrito sob o calor da exibição de Vámonos, Bárbara (1978) no Cineclube Ibero-americano Permanente, nesta quarta-feira, dia 17 de junho, Juliana Gusman destrincha como a cineasta espanhola Cecilia Bartolomé tensiona o texto matriz de Martin Scorsese (Alice Não Mora Mais Aqui) através de um exercício de distanciamento formal e discursivo.
Longe de se curvar às estéticas do norte global, o texto de Juliana reafirma a posição do filme na cartografia ibero-americana, costurando cumplicidades com o cinema de ruptura feito por mulheres aqui:
“Talvez Vamos, Bárbara se achegue mais, na verdade, de nosso próprio road movie feminista inaugural, Mar de Rosas (1977), de Ana Carolina. [...] a Betinha de Cristina Pereira compartilha certas inadequações incendiárias com a Bárbara de Cristina Alvarez – para além da cabalística coincidencia no nome de suas intérpretes.”
Leia mais sobre a diretora e sua obra no ensaio de @juliana.gusman, escrito para o 3º encontro do Cineclube Ibero-americano Permanente, uma parceria entre Sara y Rosa, Cine Humberto Mauro do @palaciodasartes_ e Instituto Cervantes de BH.
🔗 Leia o ensaio completo em sarayrosa.com
#SaraYRosa #CeciliaBartolome #CinemaFeminista #CríticaFeminista
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En un nuevo ensayo escrito a raíz de la proyección de Vámonos, Bárbara (1978) en el Cineclub Iberoamericano Permanente, Juliana Gusman analiza cómo la cineasta española Cecilia Bartolomé desafía el material de origen de "Alice Doesn’t Live Here Anymore" (de Martin Scorsese) mediante un ejercicio de distanciamiento formal y discursivo, y reafirma el lugar de la película en el panorama de cine iberoamericano, estableciendo vínculos con el cine pionero de mujeres aqui:
"Quizás Vamos, Bárbara acercase, de hecho, a nuestro propio roadmovie feminista inaugural "Mar de Rosas"(1977), de Ana Carolina. Felicidade, el personaje poco convencional de Norma Bengell, es más sombría que Ana y su destino, menos próspero, pero la Betinha de Cristina Pereira comparte ciertas deficiencias incendiarias con la Bárbara de Cristina Álvarez, más allá de la coincidencia cabalística en los nombres de sus intérpretes."
🔗 Lee el texto en sarayrosa.com](https://scontent-den2-1.cdninstagram.com/v/t51.82787-15/726575221_17917835919390781_4399166472106971886_n.jpg?stp=dst-jpg_e35_tt6&_nc_cat=110&ccb=7-5&_nc_sid=18de74&efg=eyJlZmdfdGFnIjoiQ0FST1VTRUxfSVRFTS5iZXN0X2ltYWdlX3VybGdlbi5DMyJ9&_nc_ohc=nyyl-Ut4qPUQ7kNvwEZ00Gz&_nc_oc=Adom5DsfcGzAXmTCMiN4ACKP1ZOEL1rb9Ld3_-U0oOYLocxIQX4r_NcIeivce1QXqEc&_nc_zt=23&_nc_ht=scontent-den2-1.cdninstagram.com&edm=ANo9K5cEAAAA&_nc_gid=pBdjwmmY_d117mv5tz-tSw&_nc_tpa=Q5bMBQIFqiLobp26OwPRVptQhhZ4bejtldI66pcOk9vt9ECLaw-7nvwVEzfH_Tq4TP-7P_KCYQ8O8rMb&oh=00_AQOqaa_2FxCLB8T5WYKaRTh5XhTkm7pmMnbtkQGlm81jgw&oe=6AC63EFF)



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