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19º CineBH | Entre ríos y recuerdos: El duelo como travesía en Cais

  • Foto del escritor: Micaella Matias
    Micaella Matias
  • 14 nov
  • 3 Min. de lectura
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Por Micaella Matias | Reseñas


Este texto es una colaboración especial entre la plataforma Sara y Rosa y el cineclub Guy-Blaché para la cobertura del 19º CineBH.


Cais , de Safira Moreira, reafirma la fuerza de un cine que transita entre la memoria, el duelo y la ascendencia; un cine que busca no solo narrar, sino también sentir. Proyectada en Belo Horizonte como parte del 19º programa CineBH y en la inauguración de la 5ª Semana del Cine Negro, la película destaca por su delicadeza, que no exige una lectura racional inmediata del espectador, sino que lo invita a observar y dejarse llevar por la calma de las imágenes, por los sonidos que hablan y por las ausencias que también lo hacen. Observar es, en sí mismo, una forma de contar historias.


Safira Moreira abre no solo su mirada, sino también su herida, su anhelo, su cuerpo en proceso de sanación. Dos meses después de la muerte de su madre, la cineasta emprende un viaje físico y espiritual: cruza ríos, ciudades y recuerdos en busca de sentido para lo que queda. El cine se convierte en el espacio donde se desarrolla este viaje. Se percibe el deseo de reconectar con lo que la muerte intentó separar: el amor, la presencia, la pertenencia.


El título mismo de la película sugiere esta zona de tránsito. Un lugar de encuentro y despedida, de partida y regreso. Este es el ambiente que la película habita. Los paisajes bañados por los ríos Paraguaçu y Alegre no son meros escenarios; dan testimonio del duelo. El agua, recurrente a lo largo de la obra, es a la vez símbolo y metáfora. Representa el fluir de la vida, la memoria que corre y se entremezcla. Un torrente de recuerdos que intentan aferrarse al dolor que se resiste a escaparse entre los dedos.


En un mundo que exige velocidad y espectáculo, Safira Moreira elige el camino opuesto: el de la pausa y la escucha. En sus manos, el duelo no es solo un tema, sino un proceso creativo que transforma el dolor en imagen, el silencio en poesía, la ausencia en presencia. El cine también puede ser un espacio de sanación para quienes lo contemplan.


En diálogo con la tradición del cine negro brasileño contemporáneo, que entiende el acto de filmar como un gesto de reconexión con la ascendencia, en Cais se revela una fuerza espiritual en las pequeñas cosas: en el gesto de mirar, en la repetición de rituales, en los márgenes que recorre la cámara. Safira Moreira filma como quien reza: cada imagen es una ofrenda. La presencia de la madre se invoca no con palabras, sino con la permanencia del afecto en las cosas sencillas. Una casa, un retrato, un río.


En este sentido, la película trasciende el dolor individual. Se adentra en la memoria de todas las mujeres negras que las precedieron, en los cuerpos que resistieron, en la necesidad de preservar lo que el tiempo y el olvido intentan borrar.


En la película, se perciben ecos de autoras como bell hooks en su concepción del acto de recordar como un gesto político y afectivo. Hooks nos enseña que «el amor es un acto de voluntad, a la vez intención y acción». En Cais , amar es filmar, reconstruir, nunca del todo, pero sí con insistencia, las huellas de la madre.

Al final, queda la sensación de una película que no termina. Permanece, afirmando cómo el acto de recordar también puede ser una forma de sobrevivir.


Safira Moreira convierte el cine en un espejo y un altar, un espacio para reconectar con quienes fuimos y quienes aún somos. Un gesto que reafirma el poder de la mirada femenina y negra en la construcción de un cine profundamente humano. Algunas historias no necesitan explicación ni comprensión total: solo necesitan ser vividas en primera persona. Y Cais es, ante todo, una de ellas. Una película que se siente con todo el cuerpo.


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