Cuando me convocaron a escribir este texto, en Argentina hacía poco más de un año había asumido la ultraderecha. A lo largo de doce meses, mis condiciones de vida y las de toda la sociedad se habían transformado radicalmente. Si bien en Argentina las crisis son una espantosa costumbre cíclica de dónde no escapa ningún color político, el tiempo entre el balotaje y la asunción presidencial fue un tiempo de luto y, lo que vino después, una suerte de duelo colectivo que aún conti