«Cada píxel y cada trazo de tinta tienen un precio», escribíamos en el manifiesto de La Rabia, titulado «(Apuntes) hacia una crítica feminista de cine» un espacio de crítica feminista de cine latinoamericano que empezábamos a armar como quien organiza un cuarto dentro de otro, una pequeña sala aún sin butacas donde entraban las películas que veíamos en festivales, otras que encontrabamos online, nombres de mujeres, compañeras que íbamos cruzando, escenas de deseo que la cinef